Odio la motivación, o más bien le tengo pavor. La motivación es un cáncer, una droga, el germen de una religión atroz. Yo intuyo que Jesús no deseaba usar la motivación en la gente, pero no le quedó de otra... Trataba con seres errantes de mente. Para motivar hay que inventar un motivo. Luego hay que difundirlo cuidando las palabras o los códigos para poder movilizar emociones, las correctas. Eso me parece vil, asqueroso... Por más reducido mentalmente que fuera el receptor, uno no tiene el más mínimo derecho de influenciar de esa forma sobre sus emociones. Tarde o temprano podría revertirse. Entonces entra en juego ese olor a religión que es el coaching. Uno tiene que renovar los elementos de referencia... He visto en las puertas de templos evangélicos fotos de supuestas sanaciones, al pastor levantando una muleta y a su lado una anciana levantándose de una silla de ruedas. El mensaje es claro: en este templo (que en realidad es un local comercial cualquiera alquilado temporalmen...