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MOTIVACIÓN Y CONVICCIÓN


Odio la motivación, o más bien le tengo pavor. La motivación es un cáncer, una droga, el germen de una religión atroz. Yo intuyo que Jesús no deseaba usar la motivación en la gente, pero no le quedó de otra... Trataba con seres errantes de mente. Para motivar hay que inventar un motivo. Luego hay que difundirlo cuidando las palabras o los códigos para poder movilizar emociones, las correctas. Eso me parece vil, asqueroso... Por más reducido mentalmente que fuera el receptor, uno no tiene el más mínimo derecho de influenciar de esa forma sobre sus emociones. Tarde o temprano podría revertirse. Entonces entra en juego ese olor a religión que es el coaching. Uno tiene que renovar los elementos de referencia... He visto en las puertas de templos evangélicos fotos de supuestas sanaciones, al pastor levantando una muleta y a su lado una anciana levantándose de una silla de ruedas. El mensaje es claro: en este templo (que en realidad es un local comercial cualquiera alquilado temporalmente) hay sanación. Es la ley del mercado aplicado a la fe.
La motivación se ha mezclado hoy en día con el mercado. Obvio que le debemos a Estados Unidos el perfeccionamiento de las técnicas de motivación. Nace también en los templos religiosos gringos donde el lavado de cerebro se perfecciona. El altar, la música, los íconos religiosos. Harto se ha escrito sobre esto.
La motivación convierte al receptor en un drogadicto. Necesita seguir siendo motivado para continuar haciendo lo que por razón no haría. Y ahí radica el negocio: la gente motivada se convierte en un ejército dispuesto a matar o morir. Escuché alguna vez a mi ex jefe sugerir que por su fe moriría, dado el supuesto caso que tuviera que negarla a cambio de no perder la vida. Tal escenario ficticio (no tanto si quizá vivimos en el Medio Oriente) convierte al motivado en un enajenado. Se cree que es el mártir de una causa y anda por el mundo filtrando a las personas que no son semejantes a sus ideas. Bueno, las que le implantaron.
El motivador sabe todo esto, ha experimentado el poder de sus palabras o acciones. Y si no está preparado para usarlo correctamente se convierte en un irresponsable asesino de mentes. Porque el motivado termina siendo un autómata programado. Puede vivir sus días pensando que es un tipo normal. Pero cuando entran en su mente las palabras correctas, se convierte y vocifera.
La motivación existe porque el ser humano necesita creer en algo. Necesita conectar sus razones al corazón. Por eso el término coaching nace del deporte. El entrenador no entrena solo físicamente sino prepara mentalmente a su alumno, para enfrentarse al reto de romper sus propias barreras mentales e incendiar el motor de su físico y su concentración. Y entonces el ser humano ha experimentado ese placer de sobrepasarse a sí mismo. En este caso las cosas van bien. El ser humano conoce su meta, puede sufrir si no la consigue, pero es una meta concreta y real. Distinto es cuando se le dice que la meta es un cielo, un bien común general o la inmensidad de un ideal improbable. Por algo Hitler y su pandilla inventaron diversos métodos de difusión de ideas. Entendieron que había que transferir mensajes constantemente porque el drogadicto necesita dosis cada vez más grandes.
Motivar correctamente tiene una función: promover el logro de una meta con el objetivo de edificar al ser humano. Pero es tan ambiguo el término edificar al ser humano. Hay mucha responsabilidad a la hora de actuar. Lo ideal, a mi humilde modo de entenderlo, es cerrar el círculo. Hacer entender al receptor que hay una meta concreta, explicarle que el mundo no se cae si no se logra, contextualizarlo en el tiempo espacio en el que está actuando. Y explicarle la diferencia entre lo necesario, lo urgente y lo prioritario.

Odio la motivación irresponsable, prefiero en cambio la convicción. La convicción es un motor que no necesita gasolina emocional, sino racional. Entonces lo único que lo alimenta es la información que uno recoge y abandona lo emocional para tomar decisiones coherentes. Pero el mundo postmoderno necesita motivarse para no ver a su lado la basura física y emocional que ha creado para no abrir los ojos y no ver a su lado la basura física y… así hasta el fin, en el círculo vicioso del hombre sin espíritu real, sino inventado e implantado.

La convicción es la consecuencia del razonamiento, por eso es un problema actual. Porque necesita de tiempo para ser incubado, de elementos reales de información para ser edificado y de más tiempo para ser puesto a prueba en el plano de la realidad y renovarse. Pero es una ola imparable como los movimientos ambientalistas. Tarde o temprano los gobiernos y las corporaciones tendrán que financiar su propio aniquilamiento o su transformación, porque el mercado así lo demanda. Ese mercado se mueve bajo la convicción de que estamos al borde del colapso y la ciencia respalda esta afirmación. Convicción pura.



Y como el ser humano es un animal holístico, la convicción quizá necesita de la motivación. Pero hay que ser responsables, por favor.

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